La noche en que colocan a Osvaldo (tres años recién cumplidos) por primera vez frente a un televisor (se exhibe un drama británico de hondas resonancias), queda hipnotizado, la boca entreabierta, los ojos redondos de estupor.
La madre lo ve tan entregado al sortilegio de las imágenes que se va tranquilamente a la cocina. Allí, mientras friega ollas y sartenes, se olvida del niño. Horas mas tarde se acuerda, pero piensa: "Se habrá dormido". Se seca las manos y va a buscarlo al living.
La pantalla esta vacía, pero Osvaldo se mantiene en la misma postura y con igual mirada extática.
"Vamos. A dormir", conmina la madre.
"No", dice Osvaldo con determinación.
"ah no. ¿Se puede saber por qué?"
"Estoy esperando".
"¿A quién?".
"A ella".
Y señalo el televisor.
"Ah. ¿Quién es ella?".
"Ella".
Y Osvaldo vuelve a señalar la pantalla. Luego sonríe, candorosa, esperanzado, exultante.
"Me dijo: querido".
El hombre que aprendio a ladrar / Mario Benedetti
Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje, con lapsos de de desaliento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfo la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar. No a imitar ladridos, como suelen hacer algunos chistosos o que se creen tales, sino verdaderamente a ladrar. ¿Que lo había impulsado a ese adiestramiento? Ante sus amigos se autoflagelaba con humor: "La verdad es que ladro por no llorar". Sin embargo, la razón mas valedera era su amor casi franciscano hacia sus hermanos perros. Amor es comunicación. ¿Cómo amar entonces sin comunicarse?
Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue por fin comprendido por Leo su hermano perro, y (algo mas extraordinario aun) el comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se tendían, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta, y dialogaban sobre temas generales. A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera una tan sagaz visión del mundo.
Por fin, una tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: "Dime, Leo, con toda franqueza: ¿Que opinas de mi forma de ladrar?" La respuesta de Leo fue escueta y sincera: "Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano".
Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue por fin comprendido por Leo su hermano perro, y (algo mas extraordinario aun) el comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se tendían, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta, y dialogaban sobre temas generales. A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera una tan sagaz visión del mundo.
Por fin, una tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: "Dime, Leo, con toda franqueza: ¿Que opinas de mi forma de ladrar?" La respuesta de Leo fue escueta y sincera: "Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano".
Oh quepis, quepis, qué mal me hiciste.
1.
El obrero le dijo al militar progresista: "buenas intenciones tal vez, pero serás mandón hasta la muerte". El militar progresista le dijo al blanco nacionalista: "¿Quieres que te sea franco? Tu reforma agraria cabe en una maceta". El blanco nacionalista le dijo al batllista: "lo que pasa es que ustedes siempre se olvidan de la gente del Interior. " El batllista le dijo al demócrata cristiano: "Yo escribo dios con minúscula ¿Y que?". El demócrata cristiano le dijo al socialista: "Comprendo que seas ateo, pero jamas te perdonare que no creas en la propiedad privada". El socialista le dijo al anarco: "¿No se te ocurrió pensar por qué ustedes no han ganado nunca una revolución?". El anarco le dijo al trosco: "Son un grupúsculo de morondabga". El trosco le dijo al foquista: "Estás condenado a la derrota porque te desvinculaste de las masas". El foquista le dijo al bolche: " También ustedes tuvieron delatores". El bolche le dijo al prochino: "Nosotros nos apoyamos en la clase obrera: ¿También en esto nos van a llevar la contra?". Y así sucesivamente. "Apunten, ¡Fuego!" dijo el gorila acomodandose el quepis y un camión recogió los cadáveres.
2.
El batllista le dijo al blanco nacionalista: "Y bueno, hay que reconocer que ustedes han tenido a veces una actitud anti-imperialista que nos faltó a nosotros". El blanco nacionalista le dijo al socialista: "Quizá a mi me falta tu obsesión por la justicia social". El socialista le dijo al demócrata cristiano: " Yo creo que nuestras discrepancias acerca del cielo no tienen por qué entorpecer nuestras coincidencias sobre el suelo". El demócrata cristiano le dijo al anarco: "¿Sabes qué rescato yo de tus tradiciones? Ese metejon que tienen ustedes por la libertad". El anarco le dijo al prochino: "Pensandolo mejor, no esta mal que se abran las cien flores ". El prochino le dijo al bolche: "¿Que te parece si hacemos una excepción y coincidimos en eso de la justicia social?". El bolche le dijo al trosco: "Ojalá fuera cierto lo de la revolución permanentemente". El trosco le dijo al foquista: "¡Ustedes por lo menos se arriesgan, carajo!". El foquista le dijo al militar progresista: "No creo que ustedes, como institución, vayan alguna ve a estar del lado del pueblo. Pero puedo creer en ti como individuo". El militar progresista le dijo al obrero: "Cuando suene aquello de Trabajadores del Mundo, unidos, ¿me haces un lugarcito?". Y así sucesivamente. "Apunten", dijo el gorila acomodandose el quepis. Entonces los soldados le apuntaron a él. Por las dudas no gritó: "¡Fuego!". Se quito el quepis, los arrojó a la alcantarilla, y algo desconcertado se retiró a sus cuarteles de invierno.
El obrero le dijo al militar progresista: "buenas intenciones tal vez, pero serás mandón hasta la muerte". El militar progresista le dijo al blanco nacionalista: "¿Quieres que te sea franco? Tu reforma agraria cabe en una maceta". El blanco nacionalista le dijo al batllista: "lo que pasa es que ustedes siempre se olvidan de la gente del Interior. " El batllista le dijo al demócrata cristiano: "Yo escribo dios con minúscula ¿Y que?". El demócrata cristiano le dijo al socialista: "Comprendo que seas ateo, pero jamas te perdonare que no creas en la propiedad privada". El socialista le dijo al anarco: "¿No se te ocurrió pensar por qué ustedes no han ganado nunca una revolución?". El anarco le dijo al trosco: "Son un grupúsculo de morondabga". El trosco le dijo al foquista: "Estás condenado a la derrota porque te desvinculaste de las masas". El foquista le dijo al bolche: " También ustedes tuvieron delatores". El bolche le dijo al prochino: "Nosotros nos apoyamos en la clase obrera: ¿También en esto nos van a llevar la contra?". Y así sucesivamente. "Apunten, ¡Fuego!" dijo el gorila acomodandose el quepis y un camión recogió los cadáveres.
2.
El batllista le dijo al blanco nacionalista: "Y bueno, hay que reconocer que ustedes han tenido a veces una actitud anti-imperialista que nos faltó a nosotros". El blanco nacionalista le dijo al socialista: "Quizá a mi me falta tu obsesión por la justicia social". El socialista le dijo al demócrata cristiano: " Yo creo que nuestras discrepancias acerca del cielo no tienen por qué entorpecer nuestras coincidencias sobre el suelo". El demócrata cristiano le dijo al anarco: "¿Sabes qué rescato yo de tus tradiciones? Ese metejon que tienen ustedes por la libertad". El anarco le dijo al prochino: "Pensandolo mejor, no esta mal que se abran las cien flores ". El prochino le dijo al bolche: "¿Que te parece si hacemos una excepción y coincidimos en eso de la justicia social?". El bolche le dijo al trosco: "Ojalá fuera cierto lo de la revolución permanentemente". El trosco le dijo al foquista: "¡Ustedes por lo menos se arriesgan, carajo!". El foquista le dijo al militar progresista: "No creo que ustedes, como institución, vayan alguna ve a estar del lado del pueblo. Pero puedo creer en ti como individuo". El militar progresista le dijo al obrero: "Cuando suene aquello de Trabajadores del Mundo, unidos, ¿me haces un lugarcito?". Y así sucesivamente. "Apunten", dijo el gorila acomodandose el quepis. Entonces los soldados le apuntaron a él. Por las dudas no gritó: "¡Fuego!". Se quito el quepis, los arrojó a la alcantarilla, y algo desconcertado se retiró a sus cuarteles de invierno.
El Otro Yo - Mario Benedetti
Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacia ruido cuando comía, se metía los dedos en la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando.
Corriente en todo, menos en una cosa: tenia Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacia sentirse incomodo frente a sus amigos. Por otra parte, el Otro Yo era melancólico y, debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era u deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En primer momento, el muchacho no supo qué hacer, pero después se rehizo e insulto concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero en seguida pensó que ahora si podría ser íntegramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Solo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le llenó de felicidad e inmediatamente estallo en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a el, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzo a escuchar que comentaban : "Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte, tan saludable".
El muchacho no tuvo mas remedio que dejar de reír, y al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir autentica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
Corriente en todo, menos en una cosa: tenia Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacia sentirse incomodo frente a sus amigos. Por otra parte, el Otro Yo era melancólico y, debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era u deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En primer momento, el muchacho no supo qué hacer, pero después se rehizo e insulto concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero en seguida pensó que ahora si podría ser íntegramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Solo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le llenó de felicidad e inmediatamente estallo en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a el, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzo a escuchar que comentaban : "Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte, tan saludable".
El muchacho no tuvo mas remedio que dejar de reír, y al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir autentica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
La expresion - Mario
Milton Estomba había sido un niño prodigio. A los siete años ya tocaba la Sonata N. 3, Op. 5, de Brahms, y a los once, el unánime aplauso de critica y de publico acompaño su serie de conciertos en las principales capitales dd America y Europa.
Sin embargo, cuando cumplio los 20 años, pudo notarse en el joven pianista una evidente transformación. Había empezado a preocuparse desmesuradamente por el gesto ampuloso, por la afectación del rostro, por el ceño fruncido, por los ojos en éxtasis, y otros tantos efectos afines. El llamaba a todo ello "su expresión".
Poco a poco, Estomba se fue especializando en "expresiones". Tenía una para tocar la Patética, otra para Niñas en el Jardín, otra para la Polonesa. Antes de cada concierto ensayaba frente al espejo, pero el publico frenéticamente adicto tomaba esas expresiones por espontáneas y las acogía con ruidosos aplausos, bravos y pataleos.
El primer síntoma inquietante apareció en un recital de sábado. El publico advirtió que algo raro pasaba, en su aplauso llego a filtrarse un incipiente estupor. La verdad era que Estomba había tocado la Catedral sumergida con la expresión de la Marcha Turca.
Pero la catástrofe sobrevino seis meses mas tarde y fue calificada por los médicos de amnesia lagunar. La laguna en cuestión correspondía a las partituras. En un lapso de 24 horas, Milton Estomba se olvidó para siempre de todos los nocturnos, preludios y sonatas que habían figurado en su amplio repertorio.
Lo asombroso, lo realmente asombroso, fue que no olvidara ninguno de los gestos ampulosos y afectados que acompañaban cada una de sus interpretaciones. Nunca mas pudo dar un concierto de piano pero hay algo que le sirve de consuelo. Toda ya hoy en las noches de los sábados, los amigos mas fieles concurren a su casa para asistir a un mudo recital de sus "expresiones". Entre ellos es unánime la opinión que su capolavoro es la Appasionata.
Sin embargo, cuando cumplio los 20 años, pudo notarse en el joven pianista una evidente transformación. Había empezado a preocuparse desmesuradamente por el gesto ampuloso, por la afectación del rostro, por el ceño fruncido, por los ojos en éxtasis, y otros tantos efectos afines. El llamaba a todo ello "su expresión".
Poco a poco, Estomba se fue especializando en "expresiones". Tenía una para tocar la Patética, otra para Niñas en el Jardín, otra para la Polonesa. Antes de cada concierto ensayaba frente al espejo, pero el publico frenéticamente adicto tomaba esas expresiones por espontáneas y las acogía con ruidosos aplausos, bravos y pataleos.
El primer síntoma inquietante apareció en un recital de sábado. El publico advirtió que algo raro pasaba, en su aplauso llego a filtrarse un incipiente estupor. La verdad era que Estomba había tocado la Catedral sumergida con la expresión de la Marcha Turca.
Pero la catástrofe sobrevino seis meses mas tarde y fue calificada por los médicos de amnesia lagunar. La laguna en cuestión correspondía a las partituras. En un lapso de 24 horas, Milton Estomba se olvidó para siempre de todos los nocturnos, preludios y sonatas que habían figurado en su amplio repertorio.
Lo asombroso, lo realmente asombroso, fue que no olvidara ninguno de los gestos ampulosos y afectados que acompañaban cada una de sus interpretaciones. Nunca mas pudo dar un concierto de piano pero hay algo que le sirve de consuelo. Toda ya hoy en las noches de los sábados, los amigos mas fieles concurren a su casa para asistir a un mudo recital de sus "expresiones". Entre ellos es unánime la opinión que su capolavoro es la Appasionata.
Los bomberos - Mario Benedetti
Olegario no solo fue un as del presentimiento, sino que ademas siempre estuvo muy orgulloso de su poder. A veces se quedaba absorto por un instante, y luego decía "Mañana va a poder". Y llovía. Otras veces se rascaba la nuca y anunciaba: "El martes saldrá del 57 a la cabeza". Y el martes salía el 57 a la cabeA. Entre sus amigos hoza a de una admiración sin limites.
Algunos de ellos recuerdan el mas famoso de sus aciertos. Caminaban con el frente a la Universidad, cuando de pronto el aire matutino fue atravesado por el sonido y la furia de los bomberos. Olegario sonrió de modo casi imperceptible, y dijo: "Es posible que mi casa se esté quemando".
Llamaron un taxi y encargaron al chofer que siguiera de cerca a los bomberos. Estos tomaron por Rivera y Olegario dijo: "Es casi seguro que mi casa se esté quemando". Los amigos guardaron un respetuoso y afable silencio; tanto lo admiraban.
Los bomberos siguieron por Pereyra y la nerviosidad llegó a su colmo. Cuando doblaron por la calle en que vivía Olegario, los amigos se pusieron tiesos de expectativa. Por fin, frente mismo a la llameante casa de Olegario, el carro de bomberos se detuvo y los hombres comenzaron rápida y serenamente los preparativos de rigor. De vez en cuando, desde las ventanas de la planta alta, alguna astilla volaba por los aires.
Con toda parsimonia, Olegario bajó del taxi. Se acomodo el nudo de la corbata, y luego, con un aire de humilde vencedor, se aprestó a recibir las felicitaciones y los abrazos de sus buenos amigos.
Algunos de ellos recuerdan el mas famoso de sus aciertos. Caminaban con el frente a la Universidad, cuando de pronto el aire matutino fue atravesado por el sonido y la furia de los bomberos. Olegario sonrió de modo casi imperceptible, y dijo: "Es posible que mi casa se esté quemando".
Llamaron un taxi y encargaron al chofer que siguiera de cerca a los bomberos. Estos tomaron por Rivera y Olegario dijo: "Es casi seguro que mi casa se esté quemando". Los amigos guardaron un respetuoso y afable silencio; tanto lo admiraban.
Los bomberos siguieron por Pereyra y la nerviosidad llegó a su colmo. Cuando doblaron por la calle en que vivía Olegario, los amigos se pusieron tiesos de expectativa. Por fin, frente mismo a la llameante casa de Olegario, el carro de bomberos se detuvo y los hombres comenzaron rápida y serenamente los preparativos de rigor. De vez en cuando, desde las ventanas de la planta alta, alguna astilla volaba por los aires.
Con toda parsimonia, Olegario bajó del taxi. Se acomodo el nudo de la corbata, y luego, con un aire de humilde vencedor, se aprestó a recibir las felicitaciones y los abrazos de sus buenos amigos.
Rutinas - Mario Benedetti
A mediados de 1974 explotaban en Buenos Aires diez o doce bombas por noche. De distinto signo, pero explotaba. Despertarse a los dos o las tres de la madrugada con varios estruendos en cadena, era casi una costumbre. Hasta los niños se hacían esa rutina.
Un amigo porteño empezó a tomar conciencia de esa adaptación a partir de una noche en que hubo una fuerte explosión en las cercanías de su apartamento, y su hijo, de apenas cinco años, se despertó sobresaltado.
- ¿Qué fue eso?, preguntó. Mi amigo lo tomó en brazos, lo acarició para tranquilizarlo, pero, conforme a sus principios educativos, le dijo la verdad: "Fue una bomba".
- ¡Qué suerte!, dijo el niño. Yo creí que era un trueno.
Un amigo porteño empezó a tomar conciencia de esa adaptación a partir de una noche en que hubo una fuerte explosión en las cercanías de su apartamento, y su hijo, de apenas cinco años, se despertó sobresaltado.
- ¿Qué fue eso?, preguntó. Mi amigo lo tomó en brazos, lo acarició para tranquilizarlo, pero, conforme a sus principios educativos, le dijo la verdad: "Fue una bomba".
- ¡Qué suerte!, dijo el niño. Yo creí que era un trueno.
La lluvia y los hongos (1958) / Mario Benedetti
¿Sinceridad? Cuidado con la palabrita. Por lo pronto, querida, no era este nuestro convenio de hace cuatro horas. ¿Recuerdas lo que dijimos? No existe el pasado. Claro que es difícil abolirlo. Pero reconoce que hubiera sido lindo quedarnos con nuestra imagen de hoy, vos y yo en aquel zaguán oscuro, provisoriamente resguardados del aguacero, vos y yo sintiendo que de pronto circulaba entre ambos la corriente milagrosa, vos y yo inscribiendonos tácitamente en el compromiso de venir aquí, o a cualquier habitación tan sórdida como esta, para repetir, como siempre con fundadas esperanzas, la búsqueda del amor.
Después de todo, ¿Que crees que es la sinceridad? ¿Que yo te diga lo que te gusta y vos me digas lo que me revienta? Cuidado con la palabrita. La sinceridad (cuando es sincera, porque también hay una sinceridad falluta) siempre nos llevara a odiarnos un poco. Ahora me da lastima verte así, tan indefensa, tan iluminada. ¿Quieres apagar la luz? Conviene que te cubras, por lo menos. Ademas, ya no llueve. A lo mejor, tienes razón. Terminada la lluvia, el pasado vuelve a nacer, como los hongos. ¿Quieres que empiece por la infancia con padres, con libros y sin ternura? No, esa parte es mas bien tediosa. ¿O quieres que empiece por la zona de amistad? Ya se, estarás pensando: cuantas ventajas para el hombre, Dios mío (porque vos decis a menudo diosmio), no cultivan la virginidad ni tienen loa pies frios ni soportan la menstruación, y, como si eso fuera poco, poseen la necesaria ingenuidad para creerse amigos, nosotras en cambio sabemos a que atenernos: nos encontramos, nos reímos con cierto escándalo, nos besamos simbólicamente con los labios en el aire, decimos pestes de las cuñadas, de las primas, de las presuntas amigas ausentes, comparamos detalles de nuestros novios, amantes o maridos, intercambiamos falsas confidencias y besamos otra vez el aire antes de separarnos con la misma sorba, con la misma envidia contenida. Si, estarás pensando en eso, y quizá tengas un poco de razón. Pero la verdad es que a mi no me ha hecho feliz la amistad. Simplemente compruebo. Tuve exactamente tres amigos. Ya ves que no es tan fácil. Solo tres. El primero se quedo con un sobre que contenía mi sueldo y nunca mas supe de el. Con el segundo me tome a golpes, y las cocatrices respectivas (esta del pomulo, otra en su hombro derecho) nos impiden olvidarlo todo. En cuanto al tercero, me quito una novia. No, esa vez yo no estaba realmente enamorado. Lo importante vino después. Fue la única ocasión en que me sentí vivir en pleno, como in animal nuevo y despierto, ágil, sensible, aunque horriblemente preocupado. Estaba, como explicarte, deslumbrado ante esos inesperados matices de posesión y de ternura que descubría en los menos comunicables de mis pensamientos. Pasaba como un fantasma por mi empleo, por la calle, por mi casa. Estaba enamorado como puede estarlo un chico de su maestra, o dd la amiga de su hermana mayor. ¿Como era ella? Bah, era inculta, primaria, pero tenia una sabiduría instintiva que la hacia intocable, una sensibilidad que convertía en perfecto todo cuanto hacia. Hablaba con gran elocuencia, un poco a balbuceos, pero poseía la elocuencia mas difícil: la de las actitudes. Frente al problema mas intrincado, su actitud era siempre irreprochable. Tenia un increíble olfato dd lo que estaba bien. Un desequilibrio que a la postre me resulto intolerable. Ella me quería, estoy seguro, pero había una suerte de juego mezclado a su amor. Yo tenia una horrible conciencia de no ser tomado en serio. Pero mi amor, llamemoslo así, tampoco era limpio. Estaba, como te diré, contaminado de respeto. Y así no se puede, claro. Quizá ella tenia la horrible sensación de ser tomad en serio. Nunca se aabe. De todos modos, era un desequilibrio. Un dia no pude mas y la golpee. Tuve que hacerlo. La golpee, la humille, la obligue a cometer acciones que eran denigrantes en nuestra relación. Tenia que verla alguna vez en una postura horrible, en una actitud absurda, reprochable. Ya se que es difícil de comprender, no precisa que me mires así. No lo conseguí, claro. Porque ella pudo resistir. ¿No te digo que la obligue? En ese momento pensé que lo había conseguido. Estaba allí, asombrada y despreciable, y yo podía mirarla sin respeto, como si hubiera verdaderamente prostituido su pasado. Pero al día siguiente ella adopto de nuevo la única actitud irreprochable, la única que podía purificar la inmundicia dd la víspera. ¿Todavía no comprendes? Abrió el gas. La mate, claro ¿Querías decir eso? Fui el culpable, el único ¿Te das cuenta? Y ahora, por favor, hablemos de otra cosa. De tus amores, por ejemplo.
Después de todo, ¿Que crees que es la sinceridad? ¿Que yo te diga lo que te gusta y vos me digas lo que me revienta? Cuidado con la palabrita. La sinceridad (cuando es sincera, porque también hay una sinceridad falluta) siempre nos llevara a odiarnos un poco. Ahora me da lastima verte así, tan indefensa, tan iluminada. ¿Quieres apagar la luz? Conviene que te cubras, por lo menos. Ademas, ya no llueve. A lo mejor, tienes razón. Terminada la lluvia, el pasado vuelve a nacer, como los hongos. ¿Quieres que empiece por la infancia con padres, con libros y sin ternura? No, esa parte es mas bien tediosa. ¿O quieres que empiece por la zona de amistad? Ya se, estarás pensando: cuantas ventajas para el hombre, Dios mío (porque vos decis a menudo diosmio), no cultivan la virginidad ni tienen loa pies frios ni soportan la menstruación, y, como si eso fuera poco, poseen la necesaria ingenuidad para creerse amigos, nosotras en cambio sabemos a que atenernos: nos encontramos, nos reímos con cierto escándalo, nos besamos simbólicamente con los labios en el aire, decimos pestes de las cuñadas, de las primas, de las presuntas amigas ausentes, comparamos detalles de nuestros novios, amantes o maridos, intercambiamos falsas confidencias y besamos otra vez el aire antes de separarnos con la misma sorba, con la misma envidia contenida. Si, estarás pensando en eso, y quizá tengas un poco de razón. Pero la verdad es que a mi no me ha hecho feliz la amistad. Simplemente compruebo. Tuve exactamente tres amigos. Ya ves que no es tan fácil. Solo tres. El primero se quedo con un sobre que contenía mi sueldo y nunca mas supe de el. Con el segundo me tome a golpes, y las cocatrices respectivas (esta del pomulo, otra en su hombro derecho) nos impiden olvidarlo todo. En cuanto al tercero, me quito una novia. No, esa vez yo no estaba realmente enamorado. Lo importante vino después. Fue la única ocasión en que me sentí vivir en pleno, como in animal nuevo y despierto, ágil, sensible, aunque horriblemente preocupado. Estaba, como explicarte, deslumbrado ante esos inesperados matices de posesión y de ternura que descubría en los menos comunicables de mis pensamientos. Pasaba como un fantasma por mi empleo, por la calle, por mi casa. Estaba enamorado como puede estarlo un chico de su maestra, o dd la amiga de su hermana mayor. ¿Como era ella? Bah, era inculta, primaria, pero tenia una sabiduría instintiva que la hacia intocable, una sensibilidad que convertía en perfecto todo cuanto hacia. Hablaba con gran elocuencia, un poco a balbuceos, pero poseía la elocuencia mas difícil: la de las actitudes. Frente al problema mas intrincado, su actitud era siempre irreprochable. Tenia un increíble olfato dd lo que estaba bien. Un desequilibrio que a la postre me resulto intolerable. Ella me quería, estoy seguro, pero había una suerte de juego mezclado a su amor. Yo tenia una horrible conciencia de no ser tomado en serio. Pero mi amor, llamemoslo así, tampoco era limpio. Estaba, como te diré, contaminado de respeto. Y así no se puede, claro. Quizá ella tenia la horrible sensación de ser tomad en serio. Nunca se aabe. De todos modos, era un desequilibrio. Un dia no pude mas y la golpee. Tuve que hacerlo. La golpee, la humille, la obligue a cometer acciones que eran denigrantes en nuestra relación. Tenia que verla alguna vez en una postura horrible, en una actitud absurda, reprochable. Ya se que es difícil de comprender, no precisa que me mires así. No lo conseguí, claro. Porque ella pudo resistir. ¿No te digo que la obligue? En ese momento pensé que lo había conseguido. Estaba allí, asombrada y despreciable, y yo podía mirarla sin respeto, como si hubiera verdaderamente prostituido su pasado. Pero al día siguiente ella adopto de nuevo la única actitud irreprochable, la única que podía purificar la inmundicia dd la víspera. ¿Todavía no comprendes? Abrió el gas. La mate, claro ¿Querías decir eso? Fui el culpable, el único ¿Te das cuenta? Y ahora, por favor, hablemos de otra cosa. De tus amores, por ejemplo.
Julieta (o el vicio ampliamente recompensado) - Marqués de Sade
"Al enfrentarme a los encantadores celos de la bella abadesa, no tardé en recordarle su dicho de que el sol no brilla menos sobre una sólo porque ilumine también a las demás. Entonces, alentada por la risa catarina que despertó esa declaración, le revelé la intención que me había venido atormentando desde hacía más de un mes: anhelaba desflorar a Saint Elme, y al mismo tiempo ser desflorada por ella."
"[...] en este caso mis deseos y tu interés son la misma cosa; puedo proporcionarte places que jamás hayas imaginado; y reparar cualquier desperfecto material que pudieras sufrir; después de la desfloración, mediante aplicación de pócimas especiales que sólo yo conozco, podré hacer que aparezcas tan virginal como el día en que naciste; esto no te parecerá insignificante si decides casarte algún día después de salir de aquí, pues, como habrás oído decir, los franceses son necios redomados en cuanto a sus mujeres: las quieren con mentalidad de puta, pero con cuerpo de virgen."
"-¡A la mierda la clase de religión!- exclamó la madre Delbéne-. ¿Qué es la religión, sino la palabra de Jesucristo? Y si éste hubiera sido capaz de distinguir entre su codo y un culo ¿crees que se habría dejado crucificar? No, hija mía deja a un lado los preceptos que te han enseñado en la clase de religión. Que esto -y se llevó la mano a la entrepierna- sea tu única religión; sigue sus mandatos y nunca te equivocarás.
"-¿Por qué esas iglesias - preguntó hablando retóricamente-, esos tribunales, esas cortes políticas y todas las demás instituciones hipócritas que pretenden gobernar nuestras vidas han de insistir, generalmente bajo amenaza de horribles castigos, en que creamos que existe un dios supremos? ¡Un padre completamente bondadoso! ¡Un cielo como recompensa! ¡Un infierno para castigar! ¡Un más allá! ¿Por qué? ¿Por qué necesita el universo de alguien que lo cuide? Tiene leyes eternas, inherentes a su naturaleza; no necesita promotor original."
Las Diabólicas - Barbey D'Aurevilly
El más bello amor de Don Juan.
Para ser católico como es usted, le encuentro irreverente —dijo ella despacio, aunque algo crispada. Era una belleza de verdad, una belleza insolente, alegre e imperial,una belleza en definitiva. El vocablo lo dice todo y dispensade tener que describirla; y (¿habría firmado un pacto con el diablo?) aún la seguía teniendo... Pero, Dios, al final, se salía con la suya. Las garras de tigre de la vida empezaban a arañarle aquella frente divina, coronada por las rosas de tantos labios, y en sus anchas sienes impías aparecían los primeros cabellos blancos que anunciaban la próxima invasión de los bárbaros y la caída del imperio... Por lo demás, los llevaba con la impasibilidad del orgullo sobreexcitado por el poder; sin embargo, las mujeres que le habían amado, a veces, los miraban con melancolía. Para él, fueron tan coquetas como nunca lo fue mujer algunapara ningún hombre, o ninguna mujer para un salón lleno; exaltaron aquellacoquetería con los celos que se ocultan al mundo y que ellas ya nonecesitaban esconder, porque todas sabían que aquel hombre había sidode cada una de ellas, y la vergüenza que se comparte deja de servergüenza... De lo que se trataba era de ver cuál de ellas grabaría másprofundamente su epitafio en su corazón. Allí, no había jóvenes de un verde tierno, ni muchachas como lasexecradas por Byron, que huelen a pastelito y tienen aspecto de cascabillo,sino veranos espléndidos y sabrosos, copiosos otoños, expansión yplenitud, senos deslumbrantes con su majestuoso apogeo en el bordedescubierto de los corpiños, y bajo los camafeos de hombros desnudos,brazos de todas las formas y, sobre todo, brazos poderosos, con bíceps desabinas que han luchado contra los romanos y que serían capaces deentrelazarse entre los radios de la rueda del carro de la vida para detenerlo.
Para ser católico como es usted, le encuentro irreverente —dijo ella despacio, aunque algo crispada. Era una belleza de verdad, una belleza insolente, alegre e imperial,una belleza en definitiva. El vocablo lo dice todo y dispensade tener que describirla; y (¿habría firmado un pacto con el diablo?) aún la seguía teniendo... Pero, Dios, al final, se salía con la suya. Las garras de tigre de la vida empezaban a arañarle aquella frente divina, coronada por las rosas de tantos labios, y en sus anchas sienes impías aparecían los primeros cabellos blancos que anunciaban la próxima invasión de los bárbaros y la caída del imperio... Por lo demás, los llevaba con la impasibilidad del orgullo sobreexcitado por el poder; sin embargo, las mujeres que le habían amado, a veces, los miraban con melancolía. Para él, fueron tan coquetas como nunca lo fue mujer algunapara ningún hombre, o ninguna mujer para un salón lleno; exaltaron aquellacoquetería con los celos que se ocultan al mundo y que ellas ya nonecesitaban esconder, porque todas sabían que aquel hombre había sidode cada una de ellas, y la vergüenza que se comparte deja de servergüenza... De lo que se trataba era de ver cuál de ellas grabaría másprofundamente su epitafio en su corazón. Allí, no había jóvenes de un verde tierno, ni muchachas como lasexecradas por Byron, que huelen a pastelito y tienen aspecto de cascabillo,sino veranos espléndidos y sabrosos, copiosos otoños, expansión yplenitud, senos deslumbrantes con su majestuoso apogeo en el bordedescubierto de los corpiños, y bajo los camafeos de hombros desnudos,brazos de todas las formas y, sobre todo, brazos poderosos, con bíceps desabinas que han luchado contra los romanos y que serían capaces deentrelazarse entre los radios de la rueda del carro de la vida para detenerlo.
Vivir Adrede - Mario Benedetti
Los sentimientos se deslizan, a veces se refugian en guaridas de amor, pero cuando emergen al aire preso o librem dan el color del mundo, no del universo inalcanzable sino del mundo chico, el contorno privado en que nos revolvemos. Gracias a ellos, a los sentimientos, tomamos conciencia de que no somos otros, sino nosotros mismos. Los sentimientos nos otorgan nombre, y con ese nombre somos lo que somos. (Vivir: 1. Color del Mundo)
Andamos por el mundo con el miedo a cuestas como si fuera un pudor obligatorio o en su defecto una variante del fracaso. (Vivir: 2. El miedo)
No tiene puertas cerradas como utopía es más seductora. No tiene puertas cerradas como lo imposible. No nos desprecia como lo prohibido. Si tenemos ánimo, paciencia y un poco de ilusión, podemos navegar en la barcaza de la utopía, pero no en el acorazado de lo imposible.
La única posibilidad de vencerlo es llevarle la contra a los potífices, que siempre han sido los jefes de lo prohibido. También lo son los dictadores, pero los pontífices al menos no torturan. (Vivir: 8. Utopías)
Hay críticos, por ejemplo, que son propensos a elogiar solamente a aquellos poetas misteriosos, cuyas obras son comprendidas por muy pocos. Esos mismo críticos tampoco los entienden. (Vivir: 9. Sobre sencillez)
Todos tenemos una antorcha propia, y cada una es distinta de las otras. Con ella s epuede llegar al río, aun después del crepúsculo.
La antorcha sólo tiene un enemigo, y es la lluvia del cielo.
(Vivir: 11. Antorchas)
Sin ir más lejos, monologamos para saber, de entre todas las mujeres del entorno, cuál será por fin la que amaremos, y cuándo y dónde nos encontraremos con el monólogo de su cuerpo a la espera. (Vivir: 16. Monologando)
¿Por qué durante años nuestros ojos están limpios y secos y en un solo crepúsculo se enturbian de llanto?
El remolino de cada paisaje, que siempre es distinto, nos invade el cerebro y también, por qué no, el corazón. Sólo entonces tomamos conciencia de que nosotros también somos paisaje. (Vivir: 28. El remolino del paisaje)
Los verdaderos cuerpos que reclaman y merecen amor andan por la calle, bajo sus paraguas azules o bendecidos por el sol. También la lluvia torrencial lava el amor, lo deja limpio por dos o tres jornadas, y uno, más inocente que nunca, cree que ha ganado el cielo, esa utopía. (Vivir: 29. Otro escaparate)
El mundo del descalzo no precisa de filtros, simplemente nos da lecciones de realidades varias.
Los pies pueden lastimarse y dejan huellas de sangre, que suelen servir de guía a los descalzos de segundo rango. Uno mismo, cuando va descalzo por su entorno, llega a creer impunemente que el mundo es suyo. Pero no lo es. Unas pocas veces es de otros descalzos más avezados, y otras veces pertenece a ciertos fantasmas que nunca dejan huellas. (Vivir: 31. Descalzos)
La realidad es un manojo de poemas sobre los cuales nadie reclama derechos de autor. Hay irreverentes, y también historiadores, que sostienen que la virginidad de María es un error de traducción. Y puede que sí. Pero ya sea un arameo, zendo, jónico, eólico o ático, haya sido virgen o mujer normalmente sexuada, María es sobre todo una imagen poética, digna de parir a esa prometedora metáfora llamada Jesús (no olvidemos que expulsó a los mercaderes). (Vivir: 38. La realidad)
Uno apenas se reconoce en los cruces de sí mismo consigo mismo. Como si se tratara de confusos borradores del azar, de rostros en la niebla, de maletas perdidas (Vivir: 47. Ajustes)
A veces, lindas veces, la patria se vuelve una mujer y nuestro patriotismo erótico sale a su conquista. Es por eso que la patria puede ser dos cuerpos tiernamente enlazados y tal vez de esa unión nazca una patria niña. (Vivir: 50. Patria)
Hay que amar al margen de cualquier costumbre, improvisadamente. El amor es más seguro cuando nos toma de sorpresa e incluso desorienta a la costumbre. (Vivir: 61. Costumbres)
Cuando es uno el que perdona, debe sobreponerse a los reproches de la memoria, y cuando e suno el perdonado debe escuchar atentamente loslatidos del alucinado corazón. (Vivir: 62. Perdones)
Cuando llegue el momento de ser nadie, la memoria habrá quedado encinta de ideas y preguntas que nunca nacerán. Nadie sabe si seremos ceniza o si nos mezclaremos con las cenizas de otros. (Vivir: 69. Ser nadie)
La mujer rota - Simone de Beauvoir (Parte lI)
- ¿Qué nos sucedía? En nuestra vida había habido disputas, pero por razones serías [...] Hay que decir también que antes teníamos en la cama reconciliaciones fogosas; en el deseo, la turbación, el placer, los rencores inútiles quedaban calcinados; nos volvíamos a encontrar uno frente al otro, nuevos y alegres. Ahora estábamos privados de ese recurso.
- La juventud y eso que los italianos designan con una palabra tan linda: la stamina. La savia, el fuego que permite amar y crear. Cuando perdiste eso, lo perdiste todo. [...] Bachelard escribió: "Los grandes sabios son útiles a la ciencia en la primera mitad de su vida, dañinos en la segunda". Se me tiene por un sabio. Por lo tanto, todo lo que puedo hacer actualmente es tratar de no ser demasiado dañino.
-¿Qué es un adulto? Un niño inflado de edad.
-Mi mirada se demoraba sorprendida en los objetos que había traido de los cuatro rincones de Europa. Mis viajes, el espacio no conservaba huella de ellos, mi memoria desdeñaba evocarlos; y las muñecas, los vasos, las baratijas estaban allí. Una nada me fascinaba, me obsesionaba. Encontrar un pañuelo de seda roja y un almohadón violeta; ¿cuándo vi por última vez fucsias, su vestido de obispo y cardenal, su largo sexo frágil? La campanilla luminosa, la simple rosa silvestre, la madreselva desgreñada, los narcisos, abriendo en su blancura grandes ojos atónitos, ¿cuándo? Podían no existir ya en el mundo y no lo sabría. Ni nenúfares en los estanques, ni trigo sarraceno en la campiña. La tierra está a mi alrededor como una vasta hipótesis que ya no verifico.
- Conservar vitalidad, alegría, presencia de espíritu es permanecer joven. Por lo tanto, la parte que le toca a la vejez es rutina, la morosidad, la chochez. No soy joven, estoy bien conservada, es muy distinto. Tomé somníferos y me metí en la cama.
- Siempre me negué a enfocar la vida a la manera de Fitzgerald, como un "proceso de degradación". Pensaba que mi relación con André no se alteraría jamás, que mi obra no cesaría de enriquecerse, que Philippe se parecería cada día más al hombre que yo había querido hacer de él. ¡Qué ilusión! La expresión de Sainte-Beave es más verdadera que la de Valéry: "Uno se endurece por partes, se pudre en otras, jamas madura".
- Mi primer encuentro con la muerte, cómo lloré. Después lloré cada vez menos: mis padres, mi cuñado, mi suegro, los amigos. Tambipen eso es envejecer. Tantos muertos detrás de uno, echados de menos, olvidados. A menudo, cuando leo el diario, me entero de una nueva muerte: un escritor querido, una colega, un viejo colaborador de André, uno de nuestros camaradas políticos, un amigo perdido de vista. Uno debe sentirse extraño cuando queda, como Manette, como el único testigo de un mundo abolido.
- Una pareja que continúa por que comenzó, sin otra razón: ¿era eso lo que estábamos a punto de volvernos? ¿Pasar todavía quince años, veinte años, sin agravio particular, sin animosidad, pero cada uno en su caldo, atado a su problema, rumiando su fracaso personal, transformada en vana? Habíamos empezado a vivir a destiempo. En parís yo estaba contenta, él sombrío. Le guardaba rencor por estar contento ahora que yo ya me había ensombrecido.
- Es cierto que la historia de la humanidad es hermosa --dijo André--. Lástima que la de los hombres sea tan triste.
- Nunca seríamos dos extraños. Uno de estos días, mañana quizá, nos reencontraríamos puesto que mi corazón ya lo había encontrado.
- La juventud y eso que los italianos designan con una palabra tan linda: la stamina. La savia, el fuego que permite amar y crear. Cuando perdiste eso, lo perdiste todo. [...] Bachelard escribió: "Los grandes sabios son útiles a la ciencia en la primera mitad de su vida, dañinos en la segunda". Se me tiene por un sabio. Por lo tanto, todo lo que puedo hacer actualmente es tratar de no ser demasiado dañino.
-¿Qué es un adulto? Un niño inflado de edad.
-Mi mirada se demoraba sorprendida en los objetos que había traido de los cuatro rincones de Europa. Mis viajes, el espacio no conservaba huella de ellos, mi memoria desdeñaba evocarlos; y las muñecas, los vasos, las baratijas estaban allí. Una nada me fascinaba, me obsesionaba. Encontrar un pañuelo de seda roja y un almohadón violeta; ¿cuándo vi por última vez fucsias, su vestido de obispo y cardenal, su largo sexo frágil? La campanilla luminosa, la simple rosa silvestre, la madreselva desgreñada, los narcisos, abriendo en su blancura grandes ojos atónitos, ¿cuándo? Podían no existir ya en el mundo y no lo sabría. Ni nenúfares en los estanques, ni trigo sarraceno en la campiña. La tierra está a mi alrededor como una vasta hipótesis que ya no verifico.
- Conservar vitalidad, alegría, presencia de espíritu es permanecer joven. Por lo tanto, la parte que le toca a la vejez es rutina, la morosidad, la chochez. No soy joven, estoy bien conservada, es muy distinto. Tomé somníferos y me metí en la cama.
- Siempre me negué a enfocar la vida a la manera de Fitzgerald, como un "proceso de degradación". Pensaba que mi relación con André no se alteraría jamás, que mi obra no cesaría de enriquecerse, que Philippe se parecería cada día más al hombre que yo había querido hacer de él. ¡Qué ilusión! La expresión de Sainte-Beave es más verdadera que la de Valéry: "Uno se endurece por partes, se pudre en otras, jamas madura".
- Mi primer encuentro con la muerte, cómo lloré. Después lloré cada vez menos: mis padres, mi cuñado, mi suegro, los amigos. Tambipen eso es envejecer. Tantos muertos detrás de uno, echados de menos, olvidados. A menudo, cuando leo el diario, me entero de una nueva muerte: un escritor querido, una colega, un viejo colaborador de André, uno de nuestros camaradas políticos, un amigo perdido de vista. Uno debe sentirse extraño cuando queda, como Manette, como el único testigo de un mundo abolido.
- Una pareja que continúa por que comenzó, sin otra razón: ¿era eso lo que estábamos a punto de volvernos? ¿Pasar todavía quince años, veinte años, sin agravio particular, sin animosidad, pero cada uno en su caldo, atado a su problema, rumiando su fracaso personal, transformada en vana? Habíamos empezado a vivir a destiempo. En parís yo estaba contenta, él sombrío. Le guardaba rencor por estar contento ahora que yo ya me había ensombrecido.
- Es cierto que la historia de la humanidad es hermosa --dijo André--. Lástima que la de los hombres sea tan triste.
- Nunca seríamos dos extraños. Uno de estos días, mañana quizá, nos reencontraríamos puesto que mi corazón ya lo había encontrado.
La mujer rota - Simone de Beauvoir (Parte l)
- ¿Qué hacer cuando el mundo se ha descolorido? No queda más que matar el tiempo
- La perpetua juventud del mundo me corta el aliento. Cosas que amaba han desaparecido. Muchas otras me han sido dadas.
- Los libros me salvaron de la desesperación; eso me persuadió de que la cultura es el más alto de los valores, y no logro considerar esta convicción con mirada crítica.
- Conozco a esas jóvenes "a la moda". Tienen una vaga profesión, pretenden cultivarse, hacer deportes, vestirse bien, mantener impecable su departamento, educar perfectamente a sus hijos, llevar una vida mundana, en una palabra, éxito en todos los planos. Y no tienen verdadero interés por nada. Me hiela la sangre.
- ¿Qué significa amar, para él, hoy día?
- Ya no me quedaba nadie más que André a quien, justamente, no tenía. Nos creía transparentes el uno para el otro, unidos, soldados como hermanos siameses. Se había desligado de mí, me había mentido: volvía a encontrarme sobre esta banqueta, sola. A cada segundo, al evocar su rostro, su voz, atizaba, un rencor que me devastaba. Como en esas enfermedades en las que uno se forja su propio sufrimiento, cada inspiración desgarra los pulmones y sin embargo uno está obligado a respirar.
- ¿Continuará por esta pendiente? Cada vez más indiferente... No quiero. Llaman indulgencia, sabiduría, a esta inercia del corazón: es la muerte que se instala en nosotros. No todavía, no ahora.
- Ya sé. En mi juventud se me dijo tanto que esta equivocada, tener razón me costó tanto, que rechazo equivocarme.
- La perpetua juventud del mundo me corta el aliento. Cosas que amaba han desaparecido. Muchas otras me han sido dadas.
- Los libros me salvaron de la desesperación; eso me persuadió de que la cultura es el más alto de los valores, y no logro considerar esta convicción con mirada crítica.
- Conozco a esas jóvenes "a la moda". Tienen una vaga profesión, pretenden cultivarse, hacer deportes, vestirse bien, mantener impecable su departamento, educar perfectamente a sus hijos, llevar una vida mundana, en una palabra, éxito en todos los planos. Y no tienen verdadero interés por nada. Me hiela la sangre.
- ¿Qué significa amar, para él, hoy día?
- Ya no me quedaba nadie más que André a quien, justamente, no tenía. Nos creía transparentes el uno para el otro, unidos, soldados como hermanos siameses. Se había desligado de mí, me había mentido: volvía a encontrarme sobre esta banqueta, sola. A cada segundo, al evocar su rostro, su voz, atizaba, un rencor que me devastaba. Como en esas enfermedades en las que uno se forja su propio sufrimiento, cada inspiración desgarra los pulmones y sin embargo uno está obligado a respirar.
- ¿Continuará por esta pendiente? Cada vez más indiferente... No quiero. Llaman indulgencia, sabiduría, a esta inercia del corazón: es la muerte que se instala en nosotros. No todavía, no ahora.
- Ya sé. En mi juventud se me dijo tanto que esta equivocada, tener razón me costó tanto, que rechazo equivocarme.
Primavera con una esquina rota
"No necesito armar un biobo para pensar en vos. Dirás que cuatro años, cinco meses y catorce días son demasiado tiempo para reflexionar. Y es cierto. Pero no son demasiado tiempo para pensar en vos".
"Después de todo, mi exilio es mío. No todos tienen un exilio propio. A mí quisieron encajarme uno ajeno. Vano intento. Lo convertí en mío. ¿Cómo fue? Eso no importa. No es un secreto ni una revelación. Yo diría que hay que empezar a apoderarse de las calles. De las esquinas. Del cielo. De los cafés. Del sol, y lo que es más importante, de la sombra. Cuando uno llega a percibir que una calle no le es extranjera, sólo entonces la calle deja de mirarlo a uno como a un extraño".
"Cómo me gustaría haber caminado alguna vez, por las calles que ahora recorrés, para que tuviéramos algo en común allí también".
"Después de estos cinco años de invierno nadie me va a robar la primavera”.
"Después de todo, mi exilio es mío. No todos tienen un exilio propio. A mí quisieron encajarme uno ajeno. Vano intento. Lo convertí en mío. ¿Cómo fue? Eso no importa. No es un secreto ni una revelación. Yo diría que hay que empezar a apoderarse de las calles. De las esquinas. Del cielo. De los cafés. Del sol, y lo que es más importante, de la sombra. Cuando uno llega a percibir que una calle no le es extranjera, sólo entonces la calle deja de mirarlo a uno como a un extraño".
Memoria de mis putas tristes
"Ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás."
"Ignoraba las mañas de la seducción, y siempre había escogido al azar las novias de una noche más por el precio que por los encantos, y hacíamos amores sin amor, medio vestidos las más de las veces y siempre en la oscuridad para imaginarnos mejores. Aquella noche descubrí el placer inverosímil de contemplar el cuerpo de una mujer dormida sin los apremios del deseo o los estorbos del pudor."
"A quien me lo pregunta le contesto siempre con la verdad: las putas no me dejaron tiempo para ser casado."
"Uno de los encantos de la vejez son las provocaciones que se permiten las amigas jóvenes que nos creen fuera de servicio."
"Nunca olvidé su mirada sombría mientras desayunábamos: ¿Por qué me conociste tan viejo? Le contesté la verdad: La edad no es la que uno tiene sino la que uno siente."
"Desde entonces la tuve en la memoria con tal nitidez que hacía de ellalo que quería. Le cambiaba el color de los ojos según mi estado de ánimo: color de agua al despertar, color de almíbar cuando reía, color de lumbre cuando la contrariaba. La vestía para la edad y la condición que convenían a mis cambios de humor: novicia enamorada a los veinte años, puta de salón a los cuarenta, reina de Babilonia a los setenta, santa a los cien. Cantábamos duetos de amor de Puccini, boleros de Agustín Lara, tangos de Carlos Gardel, y comprobábamos una vez más que quienes no cantan no pueden imaginar siquiera lo que es la felicidad de cantar. Hoy sé que no fue una alucinación, sino un milagro más del primer amor de mi vida a los noventa años."
"La sangre circulaba por sus venas con la fluidez de una canción que se ramificaba hasta los ámbitos más recónditos de su cuerpo y volvía al corazón purificada por el amor."
"Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquinidad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuán poco me importa el tiempo ajeno. Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodíaco."
"Me sumergí en las letras románticas que repudié cuando mi madre quiso imponérmelas con mano dura, y por ellas tomé conciencia de que la fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados."
"Ya lo sabes, Delgadina, la fama es una señora muy gorda que no duerme con uno, pero cuando uno despierta está siempre mirándonos frente a la cama."
"El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor."
"Pasé hasta una semana sin quitarme el mameluco de mecánico ni de día ni de noche, sin bañarme, sin afeitarme, sin cepillarme los dientes, porque el amor me enseñó demasiado tarde que uno se arregla para alguien se viste y se perfuma para alguien, y yo nunca había tenido para quién."
"Así que vete a buscar ahora mismo a esa pobre criatura aunque sea verdad lo que te dicen los celos, sea como sea, que lo bailado no te lo quita nadie. Pero eso sí, sin romanticismos de abuelo. Despiértala, tíratela hasta por las orejas con esa pinga de burro con que te premió el diablo por tu cobardía y mezquinidad. En serio, terminó con el alma: no te vayas a orir sin probar la maravilla de tirar con amor."
"Ignoraba las mañas de la seducción, y siempre había escogido al azar las novias de una noche más por el precio que por los encantos, y hacíamos amores sin amor, medio vestidos las más de las veces y siempre en la oscuridad para imaginarnos mejores. Aquella noche descubrí el placer inverosímil de contemplar el cuerpo de una mujer dormida sin los apremios del deseo o los estorbos del pudor."
"A quien me lo pregunta le contesto siempre con la verdad: las putas no me dejaron tiempo para ser casado."
"Uno de los encantos de la vejez son las provocaciones que se permiten las amigas jóvenes que nos creen fuera de servicio."
"Nunca olvidé su mirada sombría mientras desayunábamos: ¿Por qué me conociste tan viejo? Le contesté la verdad: La edad no es la que uno tiene sino la que uno siente."
"Desde entonces la tuve en la memoria con tal nitidez que hacía de ellalo que quería. Le cambiaba el color de los ojos según mi estado de ánimo: color de agua al despertar, color de almíbar cuando reía, color de lumbre cuando la contrariaba. La vestía para la edad y la condición que convenían a mis cambios de humor: novicia enamorada a los veinte años, puta de salón a los cuarenta, reina de Babilonia a los setenta, santa a los cien. Cantábamos duetos de amor de Puccini, boleros de Agustín Lara, tangos de Carlos Gardel, y comprobábamos una vez más que quienes no cantan no pueden imaginar siquiera lo que es la felicidad de cantar. Hoy sé que no fue una alucinación, sino un milagro más del primer amor de mi vida a los noventa años."
"La sangre circulaba por sus venas con la fluidez de una canción que se ramificaba hasta los ámbitos más recónditos de su cuerpo y volvía al corazón purificada por el amor."
"Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquinidad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuán poco me importa el tiempo ajeno. Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodíaco."
"Me sumergí en las letras románticas que repudié cuando mi madre quiso imponérmelas con mano dura, y por ellas tomé conciencia de que la fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados."
"Ya lo sabes, Delgadina, la fama es una señora muy gorda que no duerme con uno, pero cuando uno despierta está siempre mirándonos frente a la cama."
"El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor."
"Pasé hasta una semana sin quitarme el mameluco de mecánico ni de día ni de noche, sin bañarme, sin afeitarme, sin cepillarme los dientes, porque el amor me enseñó demasiado tarde que uno se arregla para alguien se viste y se perfuma para alguien, y yo nunca había tenido para quién."
"Así que vete a buscar ahora mismo a esa pobre criatura aunque sea verdad lo que te dicen los celos, sea como sea, que lo bailado no te lo quita nadie. Pero eso sí, sin romanticismos de abuelo. Despiértala, tíratela hasta por las orejas con esa pinga de burro con que te premió el diablo por tu cobardía y mezquinidad. En serio, terminó con el alma: no te vayas a orir sin probar la maravilla de tirar con amor."
El libro de los amores ridículos
"Y fue entonces cuando se le ocurrió plantearse cuál había sido el balance de este aspecto suyo (con pelo) que desaparecía, cuáles habían sido realmente las vivencias y las satisfacciones que había tenido aquel aspecto, y se quedó paralizado al darse cuenta de que había disfrutado bastante poco; al pensar en aquello sintió que se ruborizaba; sí, le daba vergüenza: porque vivir en este mundo tanto tiempo y que a uno le pasen tan pocas cosas es vergonzoso."
“El hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido”.
“Pero así suele suceder en la vida: el hombre cree que desempeña su papel en determinada obra y no sabe que, mientras tanto, han cambiado el decorado en el escenario y, sin darse cuenta, se encuentra en medio de una representación completamente distinta”.
"Y nos vemos obligados a aprender una y mil obras en las que tenemos que interpretar uno y mil personajes, y al final de la función, cuando los focos se apagan y el silencio entra por donde antes salió la gente, nos volvemos a quedar insultantemente solos, con la única reminiscencia del rayo de calor que dejó tras de sí el foco que un día nos iluminó."
“Puede que te quiera mucho. Pero quizá por eso mismo será mejor que nos quedemos como estamos. Puede que un hombre y una mujer estén más cerca el uno del otro cuando no viven juntos y cuando simplemente saben que existen y que están agradecidos por existir y por saber el uno del otro. Y sólo con esto les basta para ser felices”.
“Si no le dijeses más que la verdad, lo que realmente piensas de él, establecerías un diálogo en serio con un loco y tú mismo te convertirías en un loco. Y así es como nos funciona el mundo que nos rodea. Si insistiese en decirle la verdad a la cara, eso significaría que me lo tomo en serio. Y tomarse en serio algo tan poco serio significa perder la seriedad."
La tregua
"Era un borracho extraño, con una luz especial en los ojos. Me tomó de un brazo y dijo, casi apoyándose en mí: >>¿Sabés lo que te pasa? Que no vas a ninguna parte<<. Otro tipo que pasó en ese instante me miró con una alegre dosis de comprensión y hasta me consagró un guió de solidaridad. Pero ya hace cuatro horas que estoy intranquilo, como si realmente no fuera a ninguna parte y sólo ahora me hubiese enterado."
"Hay una especie de reflejo automático en eso de hablar de la muerte y mirar en seguida el reloj."
"A veces me siento desdichada, nada más que de no saber qué es lo que estoy echando de menos."
"Lo que deseo ahora es mucho más modesto que lo que deseaba hace treinta años y, sobre todo, me importa mucho menos obtenerlo. Jubilarme, por ejemplo. Es una aspiración, naturalmente, pero es una aspiración en cuestabajo. Sé que va a llegar, sé que vendrá sola, sé que no será preciso que yo proponga nada. Así es fácil, así vale la pena entregarse y tomar decisiones."
"Cuando alguien se siente brillantemente desgraciado, entonces sí vale la pena llorar con acompañamiento de temblores, convulsiones, y, sobre todo, con público. Pero, cuando además de desgraciado, uno se siente opaco, cuando no queda sitio para la rebeldía, el sacrificio o la heroicidad, entonces hay que llorar sin ruido, porque nadie puede ayudar y porque uno tiene conciencia de que eso pasa y al final se retoma el equilibrio, la normalidad."
"Ella me daba la mano y no hace fala más nada. Ella me da la mano y eso es amor."
"Qué feo es eso de que le digan a uno la verdad, sobre todo si se trata de una de esas verdades que uno ha evitado decirse aún en los soliloquios matinales, cuando recién se despierta y murmura pavadas amargas, profundamente antipáticas, cargadas de autorrencor, a las que es necesario disipar antes de despertarse por completo y ponerse la máscara que, en el resto del día, verán los otros y verá a los otros."
"Hay que lograr que se despierte en los demás la vergüenza de sí mismos, que se sustituya en ellos la autodefensa por el autoasco. El día en que el uruguayo sienta asco de su propia pasividad, ese día se covertirá en algo útil."
"Esta vez me metí en un café, conseguí una mesa junto a la ventana. En un lapso de una hora y cuarto, pasaron exactamente treinta y cinco mujeres de interés. Para entretenerme hice una estadística sobre qué me gustaba más en cada una de ellas. Lo apunté en la servilleta de papel. Este es el resultado. De dos, me gustó la cara; de cuatro, el pelo; de seis, el busto; de ocho, las piernas; de quince, el trasero. Amplia victoria de los traseros."
"Si alguna vez me suicido será en domingo. Es el día más desalentador, el más insulso. Quisiera quedarme en la cama hasta tarde, por lo menos hasta las nueve o las diez, pero a las seis y media me despierto solo y ya no puedo pegar los ojos. A veces pienso qué haré cuando toda mi vida sea domingo."
"Lloraba con los ojos en alto, sin pasarse las manos por la cara, lloraba con orgullo."
"Hay una especie de reflejo automático en eso de hablar de la muerte y mirar en seguida el reloj."
"A veces me siento desdichada, nada más que de no saber qué es lo que estoy echando de menos."
"Lo que deseo ahora es mucho más modesto que lo que deseaba hace treinta años y, sobre todo, me importa mucho menos obtenerlo. Jubilarme, por ejemplo. Es una aspiración, naturalmente, pero es una aspiración en cuestabajo. Sé que va a llegar, sé que vendrá sola, sé que no será preciso que yo proponga nada. Así es fácil, así vale la pena entregarse y tomar decisiones."
"Cuando alguien se siente brillantemente desgraciado, entonces sí vale la pena llorar con acompañamiento de temblores, convulsiones, y, sobre todo, con público. Pero, cuando además de desgraciado, uno se siente opaco, cuando no queda sitio para la rebeldía, el sacrificio o la heroicidad, entonces hay que llorar sin ruido, porque nadie puede ayudar y porque uno tiene conciencia de que eso pasa y al final se retoma el equilibrio, la normalidad."
"Ella me daba la mano y no hace fala más nada. Ella me da la mano y eso es amor."
"Qué feo es eso de que le digan a uno la verdad, sobre todo si se trata de una de esas verdades que uno ha evitado decirse aún en los soliloquios matinales, cuando recién se despierta y murmura pavadas amargas, profundamente antipáticas, cargadas de autorrencor, a las que es necesario disipar antes de despertarse por completo y ponerse la máscara que, en el resto del día, verán los otros y verá a los otros."
"Hay que lograr que se despierte en los demás la vergüenza de sí mismos, que se sustituya en ellos la autodefensa por el autoasco. El día en que el uruguayo sienta asco de su propia pasividad, ese día se covertirá en algo útil."
"Esta vez me metí en un café, conseguí una mesa junto a la ventana. En un lapso de una hora y cuarto, pasaron exactamente treinta y cinco mujeres de interés. Para entretenerme hice una estadística sobre qué me gustaba más en cada una de ellas. Lo apunté en la servilleta de papel. Este es el resultado. De dos, me gustó la cara; de cuatro, el pelo; de seis, el busto; de ocho, las piernas; de quince, el trasero. Amplia victoria de los traseros."
"Si alguna vez me suicido será en domingo. Es el día más desalentador, el más insulso. Quisiera quedarme en la cama hasta tarde, por lo menos hasta las nueve o las diez, pero a las seis y media me despierto solo y ya no puedo pegar los ojos. A veces pienso qué haré cuando toda mi vida sea domingo."
"Lloraba con los ojos en alto, sin pasarse las manos por la cara, lloraba con orgullo."
Gracias por el fuego
"Mira, el otro día escuché en la televisión a un diputado colorado y se burlaba en la misma cara del pueblo. Su tesis era ésta: >>Durante cuatro años ustedes se quejan de aquellos diputados que, como yo y tantos otros, importamos autos baratos. Lo consideran la gran inmoralidad. Pero cuando llega el momento de vota, ustedes nos eligen a nosotros, no a los que se abstuvieron de aprovechar la ventajita. Eso quiere decir que el pueblo no le da mayor importancia a esos detalles <<.
- Qué careta
Claro que es una careta. Sin embargo, en el fondo, desgraciadamente tenía razón. La gente le da cada vez menos importancia a detalles que tienen que ver con la moral política es el voto, se resigna y se las ingenia para hacer él también su pequeño negocio, su módica estafa. Convencete de que la crisis más grave en este país es la crisis de ejemplo."
"Ustedes creen que la revolución es andar sin corbata."
"¿Quién puede vivir en este país, en este mundo, en este tiempo, de acuerdo a sus principios, a sus normas, a su moral, cuando en realidad son otros quienes dictan los principios, la moral y las normas? Además, esos otros no consultan a nadie. Todos estamos mezclados con todos. Nadie es químicamente puro. El marxista trabaja, por ejemplo, en un banco. el católico fornica sin pensar en la sagrada reproducción de la especie, o haciendo lo posible por evitarla. El vegetariano convicto come resignadamente su churrasco. El anarquista recibe un sueldo del Estado. ¿Quién puede vivir las veinticuatro horas del día, en un todo de acuerdo con su Dios, su conciencia, su fanatismo o su credo?"
"Nuestra vida se compone de tres etapas; vacilar, vacilar y morir; la muerte, en cambio, no vacila frente a nosotros; nos mata y se acabó; y el gran espía, la formidable quinta columna que ha instalado la muerte en nosotros, se llama el escrúpulo; ya sé, yo tengo escrúpulos; vos también, entendeme que no estoy contra el escrúpulo; pero es la quinta columna de la muerte; porque gracias al escrúpulo, vacilamos, y se nos pasa el tiempo de gozar, de gozar ese minuto feliz que, como gracia especial, fue incluido en nuestro programa; nos pasamos toda la vida soñando con deseos incumplidos, recordando cicatrices, construyendo artificial y mentirosamente lo que pudimos haber sido; constantemente nos estamos frenando, conteniendo, constantemente estamos engañando y engañándonos; cada vez somos menos verdaderos, más hipócritas; cada vez tenemos más vergüenza de nuestra verdad; por qué entonces no puedo hacer posible tu minuto feliz; además tengo curiosidad, lo reconozco, por saber si no podrá ser también mi propio minuto feliz; a lo mejor es el de ambos; quiero decir que no tenemos que darle ventajas a la muerte, porque ella no nos hace la mínima concesión; después de que estés muerto y yo muerta, ya no habrá posible retroceso, no será posible volver a este instante en que vos me deseás desesperadamente y yo soy todavía dueña de mi decisión; esta mañana, cuando llegué a este planteo, no pude menos que reírme; ¿Cómo podemos ser tan torpes que hasta ahora le hayamos estado ofreciendo a la muerte esta ventaja gratuita del escrúpulo?"
"Lo único seguro es que sos mejor que todas tus imágenes, que todas las imágenes que yo tengo de vos. ¿Quise esperar este instante a solas, sin prisa exterior y sin testigos, para decirme con todas las letras, que estoy enamorado? Quizá sólo semienamorado. Porque ella dice que no, que no me quiere. Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena consciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor."
- Qué careta
Claro que es una careta. Sin embargo, en el fondo, desgraciadamente tenía razón. La gente le da cada vez menos importancia a detalles que tienen que ver con la moral política es el voto, se resigna y se las ingenia para hacer él también su pequeño negocio, su módica estafa. Convencete de que la crisis más grave en este país es la crisis de ejemplo."
"Ustedes creen que la revolución es andar sin corbata."
"¿Quién puede vivir en este país, en este mundo, en este tiempo, de acuerdo a sus principios, a sus normas, a su moral, cuando en realidad son otros quienes dictan los principios, la moral y las normas? Además, esos otros no consultan a nadie. Todos estamos mezclados con todos. Nadie es químicamente puro. El marxista trabaja, por ejemplo, en un banco. el católico fornica sin pensar en la sagrada reproducción de la especie, o haciendo lo posible por evitarla. El vegetariano convicto come resignadamente su churrasco. El anarquista recibe un sueldo del Estado. ¿Quién puede vivir las veinticuatro horas del día, en un todo de acuerdo con su Dios, su conciencia, su fanatismo o su credo?"
"Nuestra vida se compone de tres etapas; vacilar, vacilar y morir; la muerte, en cambio, no vacila frente a nosotros; nos mata y se acabó; y el gran espía, la formidable quinta columna que ha instalado la muerte en nosotros, se llama el escrúpulo; ya sé, yo tengo escrúpulos; vos también, entendeme que no estoy contra el escrúpulo; pero es la quinta columna de la muerte; porque gracias al escrúpulo, vacilamos, y se nos pasa el tiempo de gozar, de gozar ese minuto feliz que, como gracia especial, fue incluido en nuestro programa; nos pasamos toda la vida soñando con deseos incumplidos, recordando cicatrices, construyendo artificial y mentirosamente lo que pudimos haber sido; constantemente nos estamos frenando, conteniendo, constantemente estamos engañando y engañándonos; cada vez somos menos verdaderos, más hipócritas; cada vez tenemos más vergüenza de nuestra verdad; por qué entonces no puedo hacer posible tu minuto feliz; además tengo curiosidad, lo reconozco, por saber si no podrá ser también mi propio minuto feliz; a lo mejor es el de ambos; quiero decir que no tenemos que darle ventajas a la muerte, porque ella no nos hace la mínima concesión; después de que estés muerto y yo muerta, ya no habrá posible retroceso, no será posible volver a este instante en que vos me deseás desesperadamente y yo soy todavía dueña de mi decisión; esta mañana, cuando llegué a este planteo, no pude menos que reírme; ¿Cómo podemos ser tan torpes que hasta ahora le hayamos estado ofreciendo a la muerte esta ventaja gratuita del escrúpulo?"
"Lo único seguro es que sos mejor que todas tus imágenes, que todas las imágenes que yo tengo de vos. ¿Quise esperar este instante a solas, sin prisa exterior y sin testigos, para decirme con todas las letras, que estoy enamorado? Quizá sólo semienamorado. Porque ella dice que no, que no me quiere. Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena consciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor."
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